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Boots Riley vs. Scorsese: la IA abre una nueva discusión en el cine

La inteligencia artificial volvió a dividir a Hollywood, pero esta vez la conversación tomó más fuerza por los nombres involucrados. Martin Scorsese, uno de los directores más importantes de la historia del cine, fue cuestionado por Boots Riley tras anunciar su vínculo con Black Forest Labs, una empresa dedicada al desarrollo de herramientas de IA generativa.

El punto de partida de la polémica fue la participación de Scorsese como asesor de la compañía. El director de Taxi Driver, Goodfellas y The Irishman defendió el uso de estas herramientas dentro del proceso de preproducción, especialmente para crear storyboards y comunicar mejor sus ideas visuales al equipo creativo antes del rodaje.

Según la postura de Scorsese, la IA no tendría que reemplazar a los artistas, actores, guionistas o técnicos. Su mirada se enfoca más en verla como una herramienta de apoyo para ordenar ideas, visualizar escenas y acelerar ciertas etapas del trabajo previo a una película. Para él, el cine siempre ha evolucionado junto con la tecnología, desde los efectos visuales hasta el 3D o el rejuvenecimiento digital.

Sin embargo, esa explicación no convenció a Boots Riley. El director de Sorry to Bother You reaccionó con dureza y cuestionó que una figura tan influyente como Scorsese respalde públicamente a una empresa de inteligencia artificial. Para Riley, el problema no es solo que un cineasta use una herramienta nueva, sino el mensaje que se envía a toda la industria cuando una leyenda del cine valida este tipo de tecnología.

La crítica de Riley apunta a una preocupación cada vez más grande entre artistas, ilustradores, guionistas y trabajadores audiovisuales: que la IA generativa termine reduciendo espacios laborales o reemplazando procesos que antes dependían de personas. En el caso de los storyboards, la discusión es especialmente sensible, porque no se trata de un simple boceto técnico. Muchas veces, el storyboard define composición, ritmo, encuadres y decisiones visuales que influyen directamente en la película final.

Ahí está el centro del debate. Para Scorsese, la IA puede ser una herramienta para expresar con más claridad lo que un director tiene en mente. Para Riley y otros críticos, esa misma herramienta puede debilitar el trabajo de artistas que durante años han ayudado a construir el lenguaje visual del cine desde la etapa inicial.

La polémica también llega en un momento complicado para Hollywood. Después de las huelgas de guionistas y actores, la IA quedó instalada como uno de los temas más delicados de la industria. No solo se discute si puede ayudar a crear imágenes o agilizar tareas, sino quién controla esas herramientas, con qué datos fueron entrenadas y qué impacto tendrán en los trabajadores creativos.

Por eso, el cruce entre Boots Riley y Scorsese va más allá de una diferencia personal. Representa dos formas de mirar el futuro del cine. Una vez la tecnología como una extensión del proceso creativo. La otra teme que esa supuesta ayuda termine normalizando la sustitución de artistas por sistemas automáticos.

Lo más interesante es que ambos parten de una preocupación por el cine, aunque desde lugares opuestos. Scorsese parece interesado en explorar cómo las nuevas herramientas pueden servir a la narración. Riley, en cambio, advierte que no todo avance tecnológico beneficia al arte si detrás hay empresas que buscan convertir la creatividad en un proceso más barato y controlable.

Esta discusión probablemente no terminará pronto. A medida que la IA se vuelva más común en la producción audiovisual, aparecerán más casos similares. El cine tendrá que decidir hasta dónde acepta estas herramientas y qué límites pone para proteger el trabajo humano.

Por ahora, el choque entre Boots Riley y Martin Scorsese deja una pregunta abierta: ¿la inteligencia artificial será una aliada para imaginar mejores películas o una amenaza para quienes han construido el cine desde sus oficios creativos?

 

Walter Meneses