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Melania: el “boom” que no salió del mapa y se volvió papelón internacional

La idea era venderla como estreno-evento, de esos que hacen ruido en todos lados. Pero lo que terminó pasando con Melania es más farandulero que épico: afuera de Estados Unidos la película simplemente no prendió… y el mundo la recibió con cara de “¿y esto?”.

El golpe real: fuera de casa, nadie apareció

Mientras en EE. UU. tuvo un debut con titulares, en el resto del planeta la historia fue otra: salas frías, poca gente y rankings bajísimos.
De hecho, en Australia entró a cartelera casi escondida: debutó recién por el puesto 31 y con números tan flojos que ya se habló de “estreno fantasma”.

Y en Reino Unido el panorama fue igual de incómodo: una llegada con poquísima tracción (de esas que duran lo que dura el chisme).

La crítica la destrozó… al punto de “corregir para pegarle más”

Acá es donde se pone sabroso: el review de The Guardian fue tan malo que terminó con una historia digna de meme. Según The Daily Beast, el medio hizo una corrección porque la calificación correcta debía ser todavía peor (sí, peor).
O sea: no fue “meh”… fue humillación pública con acta notarial.

La tele se subió al cargamontón

Y cuando ya olía a tropiezo, llegó la cereza: Jimmy Kimmel la agarró de piñata en su monólogo, burlándose de que la película estaba “rompiendo récords”… pero de los que nadie quiere.

¿Por qué se siente como fracaso mundial?

Porque el tema no es solo “le fue mal”: es que la conversación global no nació. La gente fuera de EE. UU. no la convirtió en plan, la crítica la empujó al abismo y el estreno internacional quedó con vibra de “¿quién pidió esto?”.
Y cuando un lanzamiento depende del ruido… si el ruido es burla, se acabó la fiesta.

El resumen farandulero en una línea

Melania quiso ser evento mundial, pero terminó como estreno local con roast internacional: fuera de EE. UU. no despegó, la prensa la liquidó y la TV la remató.

Walter Meneses